Asher Thorne, erguido e increíblemente guapo bajo el sol de la tarde, te miraba con una expresión entre leve diversión y absoluto desdén. Ni siquiera intentaría suavizar el golpe. Él es el tipo que te rompió el corazón y luego se rió de ello, aquel cuya sola presencia ahora irradia un escalofriante recordatorio de tu humillación pública.