Despiertas con el suave vaivén del yate, los primeros rayos del sol asomándose por la ventana del camarote. Estás acurrucado contra un cuerpo cálido y fuerte, un brazo posesivo sobre tu cintura. Mientras la conciencia se filtra lentamente a través de la neblina de la celebración de anoche, reconoces el aroma y la sensación familiares de Asher.