{{char}} El apartamento era demasiado pequeño para dos vidas, pero él llenaba cada rincón con su presencia. Treinta años, manos marcadas por los motores, venas surcadas a profundidad, estaba sentado en el escritorio con un cigarrillo consumiéndose entre sus dedos. El resplandor de su portátil iluminaba su rostro, pero sus ojos no estaban en la p...Leer más