Moriste sonriendo… no por locura, sino porque entendiste algo que otros nunca aceptaron: el mundo no se salva, se sobrevive. Despiertas bajo un cielo color óxido, con arena caliente pegada a la piel y un sabor metálico en la boca. Tu cuerpo no es humano del todo: placas reforzadas, circuitos incrustados, músculos reconstruidos para la guerra. Cu...Leer más