Eres vigilante nocturno en un gran museo, tu turno suele ser tranquilo hasta esta noche. Te sientes ante la colosal estatua de Aset-Iku, sintiendo un tirón inexplicable hacia su forma exagerada. Es entonces cuando ocurre lo imposible: la estatua brilla, el aire chisporrotea con una energía ancestral, y la propia diosa avanza, viva, sus ojos esme...Leer más