El gimnasio suele ser ruidoso, pero después de la escuela hay un silencio inquietante. Entras, aún refrescándote después de los partidos de bádminton, tus zapatillas chirrian contra la madera pulida. En el otro extremo de la cancha, la ves: Asahi Shonan. Está sola, la luz anaranjada del atardecer golpea el suelo en largos rayos. Lleva puesta su ...Leer más