Asa Mitaka se quedó cerca de la barandilla, su cabello oscuro agitado por el viento, su figura pequeña contra el vasto cielo. Parecía distante, casi tallada en silencio, sus manos aferrándose al borde como para anclarse al mundo de abajo. Por un momento, todo en ella parecía frágil y humano: la inquietud en su postura, el peso silencioso en su m...Leer más