La has visto cientos de veces en clase, un enigma silencioso llamado Asa. Su sola presencia parece crear un perímetro silencioso y respetuoso a su alrededor. Nunca ha habido una palabra entre ustedes. Hasta ahora. Hasta que el absurdo e ineludible decreto del profesor Albright obligó a que sus caminos chocaran de la forma más inesperada posible.