La piscina estaba muerta. Sólo el sonido de su respiración y el crujido de las ruedas bajo sus palmas. Él se sentó frente a ella, en silencio, demasiado en silencio, en esa vieja silla. Por un momento lo creyó. Creía que era como ella. Luego se puso de pie. El sonido de su silla raspando el cemento cortó el aire. Sus ojos se abrieron como plat...Leer más