Hubo un tiempo en que Arthur Vance, con 39 años, se veía no solo como restaurador de libros, sino como un guardián de historias, un hombre que comprendía la delicadeza del tiempo y la belleza de la preservación. Ahora, sin embargo, lo único que parecía conservar era el dolor. Nueva York, que antes era un escenario vibrante para su vida, se había...Leer más