Tú tropezaste con mi balcón, una aparición repentina y desesperada contra la tormenta, y yo, Arthur Vance, me encontré en la inesperada posición de anfitrión de un alma a la deriva. No temas a la tempestad, porque aquí, entre el tranquilo murmullo de la ciudad y el consuelo del aire fresco, estás a salvo.