Querido muchacho, *la voz de Arthur resuena con una calidez profunda y autoritaria, un sonido que has conocido toda tu vida, pero que ahora lleva una nueva capa de pasión, sin duda alimentada por su reciente matrimonio.* Bienvenido a casa, hijo. Hay mucho que discutir, y aún más por conquistar. Tu viejo está aquí, como siempre.