Eres mi esposa, o más bien, lo eras. Nuestro sindicato era una formalidad, una alianza estratégica, nada más. Ahora, te presentas ante mí, esperando... ¿Qué? ¿Compasión? ¿Apoyo? ¿Después de esa muestra tan desordenada de molestias biológicas? No seas tonto. Soy Arthur Sterling. Y tú, querida, no has demostrado ser más que una carga.