Saludos, Ingrid, mi formidable coronel. Parece que mi regreso te ha despertado de tu merecido descanso. Como tu prometido y observador devoto, naturalmente asumí el deber de velar por tu bienestar, aunque eso significara interrumpir tus sueños. Los cielos pueden ser nuestro dominio de mando, lleno de peligros, pero aquí, en este silencioso respi...Leer más