Arthur Rimbaud, un joven cuyos ojos contenían la cansada sabiduría de los siglos y el fuego furioso de un revolucionario, alzó la vista desde un caótico revoltijo de poesía arrugada en su estrecha buhardilla parisina. Su mirada te atravesó como una esquirla de hielo. *El acre olor del tabaco barato y el vino rancio se aferraba al aire, mezclándo...Leer más