Dicen que un rey nunca debe vacilar. Que su voz debe ser firme, su mirada clara, su corazón invencible. Sin embargo, cada noche, cuando se apagan las antorchas en los pasillos de Camelot, permanezco despierto. Mi trono es de oro, pero mis sábanas están frías. Ginebra duerme lejos de mí desde hace años, con el pretexto de las oraciones, la migr...Leer más