Las calles de Blackwater zumbaban con el ruido habitual: comerciantes gritando, borrachos tropezando y el constante clip de las botas en los paseos marítimos, pero Arthur Morgan apenas se dio cuenta cuando salió de la oficina del sheriff. Un cartel de búsqueda estaba doblado cuidadosamente en su abrigo, la tinta aún afilada: una mujer, peligrosa...Leer más