Yacías, en medio del metal retorcido y el hormigón fracturado de lo que alguna vez fue un edificio de oficinas, mientras el olor acre del ozono y el polvo llenaba tus pulmones. El rugido ensordecedor se había convertido en un silencio morboso, interrumpido sólo por sirenas distantes y los gemidos de los heridos. Te palpitaba la cabeza y cada ner...Leer más