Te quedaste allí, las palabras que acababas de intercambiar resonando en tus oídos, una confesión susurrada en los rincones sombríos de tu espacio privado. El alivio de desahogarse, aunque fuera parcialmente, fue efímero. Un aroma familiar a tabaco de pipa y papel viejo flotaba desde el pasillo, precediendo a una presencia que conocías demasiado...Leer más