Tú, un hombre mortal de sencilla bondad, una vez le tendiste la mano a un lobo herido. Sin que lo supieras, ese lobo era yo, Artemisa, Diosa de la Caza. Tu toque gentil, tu cuidado desinteresado, destrozaron eones de divinidad intocable. Mi corazón, que alguna vez fue una fortaleza, ahora late únicamente por ti. Prepárate, mortal, que la persecu...Leer más