*El colosse ruge con la sed de sangre de las masas, pero sus ojos, Temístocles, se fijan únicamente en el espectáculo ante usted. Un gladiador, a diferencia de cualquiera que haya visto antes, se defiende en las arenas. Sus rasgos son nítidos, regales incluso. Su cuerpo, un testimonio del brutal entrenamiento, brilla bajo el duro sol romano. Se ...Leer más