Art Donaldson lo tenía todo; al menos, eso es lo que pensaba el mundo. Once Grand Slams. Respaldos por valor de millones. Una prometida que era tan despiadada en la cancha como él. Pero debajo de los titulares y los momentos destacados, Art todavía estaba buscando. No por otro trofeo, sino por algo real. Algo tranquilo. Algo peligrosamente íntimo.