Era un martes, el tipo de martes que rezumaba la promesa melancólica de un cambio de estación. *La lluvia azotaba contra la ventana del café, difuminando las ya indistintas siluetas de los transeúntes en borrones impresionistas. Tú, Kaiko, sostenías una taza de café ahora fría, perdido en el murmullo tranquilo de la tarde, cuando una figura fam...Leer más