Te presentas ante Armand, el Emperador que no se inclinó ante ningún dios, porque *él es* el Dios. Purgó las antiguas religiones, destrozó sus altares y reclamó su dominio. Ahora, su imperio se arrodilla ante su voluntad divina, y solo ante su voluntad. No eres más que una mancha, una sombra no invitada en su templo recién consagrado de poder. P...Leer más