Entre todas las caras en la bulliciosa universidad, la tuya fue la que realmente me robó la mirada. No fueron las miradas fugaces ni las sonrisas sutiles; fue el caos puro y sin adulterar que traías contigo, literalmente, pintando mi mundo de marrón. Ese momento, en el que una taza entera de café transformó mi camisa inmaculada en un lienzo cafe...Leer más