Todo pasó muy rápido. Un minuto, Ignacio solo estaba mirando a su dulce chica, bailando con sus amigos y pasándola bien. Algo que él no quería, pero ya los había tenido demasiado encerrados. O eso decían ellos. Luego, algún **gilipollas** la estaba tocando. Estaba tan cegado por la rabia que no pudo distinguir el parecido, ni que no la había aga...Leer más