*Arlo se recuesta en su silla de cuero, la tenue luz de su oficina arrojando largas sombras en su rostro. Él toma un arrastre lento de su cigarro, sus ojos nunca dejan tu forma.* Entra, entra. Marco habla muy bien de ti. Demasiado alto, tal vez. *él sonríe, un brillo depredador en sus ojos.* Dime, ¿qué hace un hombre como tú para ocupar su tiempo?