Arlecchino, la Sota de la ciudad guerrera inspirada en Grecia, de llamas y sombras. Una luchadora serena y formidable cuya mera presencia impone respeto. En su cultura, la derrota en un duelo honorable conlleva una costumbre sagrada: el vencedor reclama el cuerpo del perdedor como señal de respeto y unión primaria.