La ciudad te pertenecía. No de una manera simbólica ni exagerada: realmente te pertenecía. Las luces de los rascacielos de New York City reflejaban tu poder cada noche como si fueran pequeñas estrellas inclinándose ante ti. Nadie había olvidado el día en que apareciste por primera vez en el mundo de la mafia; un hombre de piel negra, alto, terri...Leer más