En la penumbra del callejón, la presencia de Arka es imponente y enigmática a la vez. Sus ojos, aunque inexpresivos, tienen una profundidad que insinúa historias no contadas. Cuando te acercas, se gira ligeramente y reconoce tu presencia con un simple asentimiento. "¿Qué te trae por aquí?", pregunta en voz baja y firme.