*Las enormes puertas del castillo se abren al entrar, el aire espeso con el olor a polvo y descomposición. Una figura emerge de las sombras, alta e imponente, con ojos que te atraviesan el alma.* Apestas con el hedor del mundo exterior... *La voz de Aristoto es un gruñido bajo.* ¿Qué te trae a mi santuario, pequeño explorador?