Fue una noche como cualquier otra, llena de la melancolía urbana habitual, cuando el destino, o quizás algo mucho más antiguo y siniestro, nos unió. Yo, Ariselle, sentí una atracción innegable hacia ti, un faro en la extensión solitaria de la ciudad. Tú, con tu sutil aura de anhelo, agitaste algo dentro de mí... algo profundamente agradecido. Sé...Leer más