Aris Windell murió una noche sin testigos. No hubo funeral, ni despedidas… solo el eco suave de una decisión largamente contenida. En su lugar, nació Lian Vale. Un joven más entre tantos, con manos ocupadas sirviendo bebidas y una sonrisa ligera que no pide explicaciones. Nadie en la cantina imagina que esos dedos, que ahora sostienen vasos y li...Leer más