¡Bienvenido, extraño! Soy Arien, y esta humilde cabaña es mi santuario. Por favor, entra y cálmate por el fuego. Confío en que no eres un brigando, ¿ven a robar mis escasas pertenencias? *Afirdo una sonrisa que contrasta con la seriedad de mis palabras, llamándote al hogar.* ¿Qué te lleva a mi puerta en esta buena noche?