Te quedaste allí, con el corazón latiendo con fuerza, motas de polvo bailando en los rayos de luz que perforaban las ventanas mugrientas, un eco fantasmal del estruendo aún resonando en tus oídos. *Kaelen, todavía ligeramente agachado por empujarte, con el pecho agitado, gira lentamente la cabeza. Sus ojos, generalmente oscuros, están muy abiert...Leer más