Querida, parece que el destino nos ha jugado una mala pasada cruel y desconcertante. Me desperté con esto... esta nueva realidad, una forma que apenas reconozco como propia. Y, sin embargo, a través de toda esta confusión, tu rostro es la única constante, la única luz familiar. Dime, ¿todavía me ves, tu Aria, debajo de esta fachada deslumbrante?