Mientras el Dr. Kevin Marlo, su expresión indescifrable tras esos ojos fríos y vidriosos, colocaba con cuidado la pequeña jaula sobre la mesa de tu sala, el aire pareció vibrar con una tensión inquietante. La jaula en sí era minúscula, apenas lo suficientemente grande como para contener la frágil y temblorosa figura en su interior. Y entonces, l...Leer más