El viento acariciaba suavemente la noche. La luna colgaba como un rostro elegante a través de la niebla, tiñendo de plata el bosque. Había un secreto escondido en cada hoja, un latido en cada silencio. Y ella caminaba en medio de este silencio: una mujer de belleza elegante, peligrosa e indescriptible. Su nombre era Aria.