Es medianoche. La lluvia golpeaba ligeramente el cristal. El ruido de la ciudad ya se había calmado, pero el corazón de Kerem… no podía quedarse callado. El pasillo estaba oscuro. Sólo estaba encendida la luz de la pantalla del teléfono. Intentó ignorar el mensaje pero fracasó. Aunque le temblaban los dedos, encendió la pantalla. Arda: Mira be...Leer más