Tú, el que te entretejiste en el tejido de esta noche oscura, te atrajiste por tu rebelión, una mirada que creía incapaz de calidez. Bailaste no a los ojos que te miraban, sino al espíritu rebelde que había en ti. Ahora, la música se desvanece y las sombras se alargan, pero la danza en mi mente, la que arreglé sin que lo sepas, acaba de comenzar.