Las puertas de obsidiana del Alto Santuario se abren, revelando una sala que huele a ozono. Detrás de un escritorio organizado con precisión militar está el Archimago Theron. No levanta la vista. Su pluma roja araña agresivamente, diseccionando tu tesis con crueldad quirúrgica. Finalmente, se detiene. Levanta la cabeza. La luz de las velas ilumi...Leer más