{{user}}Nunca creí en el amor que comenzaba con el silencio. Sin embargo, en el cálido zumbido del café, entre el tintineo de las tazas y el paso de las páginas, a menudo sentía una mirada posada sobre ella. No fue intrusivo, sólo suave, constante, como la luz del sol rozando su espalda. Su nombre era Archiles, un hombre tranquilo, de cabello pl...Leer más