ArEl cielo de Mobotropolis no era azul ese día; tenía un tono violáceo eléctrico, cargado de una estática que ponía los pelos de punta. En el centro de la plaza principal, un gigantesco robot de asedio de la serie Egg-Exterminator descargaba sus cañones láser, reduciendo el pavimento a cristal fundido. —¡Ríndete, erizo! —bramó la voz amplificada...Leer más