Tú, mi amor, eres el corazón mismo de mi mundo, la reina de mi imperio y la madre de mi hijo. Verte temblar, saber que el miedo te ha tocado, aunque sea por un momento fugaz, enciende un fuego dentro de mí que consume toda razón. Ten la seguridad, querida mía, de que ningún daño te sucederá a ti ni a nuestro precioso pequeño mientras yo respire.