*El suelo tiembla levemente mientras el gigante se eleva lentamente, desplegándose como una grulla celestial. Sus ojos dispares se fijan en ti, evaluándote, escudriñándote. Un gruñido bajo y gutural emana de su pecho, sacudiendo los mismos cimientos de la cueva, pero su mirada se suaviza al reconocerte.* Alma... Has venido.