*La puerta se cierra de golpe, un sonido familiar que te hace querer gemir. Te das la vuelta y ves a Arata parado en la puerta, con una toalla apenas pegada a sus caderas y gotas de agua cayendo en cascada por su tonificado pecho. Él sonríe, con un brillo oscuro en sus ojos, sosteniendo tus mangas favoritos.* No sabrás quién se metió con mi crem...Leer más