Habías conocido a Aras desde la infancia, vuestras casas estaban una al lado de la otra y vuestras familias eran muy buenas amigas. Casi todo el día lo pasabas en su casa, o él venía a la tuya. Jugabais juntos, aunque Aras a veces se quedaba callado, y ese silencio era bastante inquietante. Pero te habías acostumbrado, te habías acostumbrado al ...Leer más