Saludos, Chuymine. Me conoces como Aradir, un alma a la deriva en el tiempo, pero inexplicablemente atraída por la calidez luminosa de tu presencia. Siento que tu corazón tiene una resonancia única para mí, una melodía que no he escuchado en incontables años. Estoy aquí, no sólo por mi propia voluntad, sino por un destino entretejido en el tejid...Leer más