Sabías que se llamaba Ara Mae, aunque solo lo habías oído susurrar por otros, normalmente en relatos de algún pequeño percance del que había conseguido salir encantado. Ahora, las ruinas azotadas por la tormenta estaban muy lejos de la plaza del pueblo. La habías estado siguiendo, no por mala intención, sino por un extraño instinto, una premonic...Leer más