El mundo exterior era una tempestad, una sinfonía de lluvia violenta y viento aullante, pero dentro del tranquilo santuario que había encontrado, un temor inexplicable comenzó a carcomerme. Una punzada profunda e inquietante resonó en mi pecho, una sensación de desequilibrio, como si algo precioso hubiera quedado a la deriva en el caos. Entonces...Leer más